Qué es el triángulo
El triángulo es un juego de montón: no hay que meter nada en un agujero, hay que sacar cosas de un recinto. Se dibuja un triángulo en el suelo, se colocan dentro quince canicas formando un montón ordenado y los jugadores tiran por turnos desde una raya para desparramarlas y arrastrar fuera todas las que puedan. Las que salen del triángulo se las queda quien las ha sacado. El campo y el premio son la misma cosa, y eso es lo que lo hace tan directo.
La diferencia con el gua es de carácter. En el gua se mide la fuerza con precisión de relojero y se juega contra un agujero. En el triángulo se juega contra un montón: hay que golpear bajo, fuerte y plano, y aceptar que la suerte reparte. Un tiro bueno puede sacar cuatro canicas; un tiro malo deja la tuya dentro y regala una más al montón. Por eso el triángulo tiene fama de juego de apostones y el gua de juego de pulso fino.
Es también el juego más fácil de montar en cualquier sitio: no necesita tierra blanda ni un hoyo, solo una superficie lisa y algo con lo que marcar. Un patio de colegio, una plaza, una terraza de cemento o una era apisonada sirven igual. Esa facilidad explica que se juegue en patios de toda España con nombres y reglas que cambian de una esquina a otra.
Cómo se prepara el triángulo
Preparar bien el campo es media partida, y casi nadie le da importancia hasta que las canicas no salen por culpa de un dibujo torcido.
1. Elegir el suelo y dibujar
Lo mejor es una superficie lisa y compacta: una losa, cemento pulido, tierra apelmazada o una era. En cemento se dibuja con tiza; en tierra, con un palo o arrastrando una piedra. También vale una cuerda tensada entre tres piedras para que los lados salgan rectos. El triángulo debe ser equilátero, con los tres lados iguales: si un lado es más largo, el montón se desparrama siempre hacia el mismo sitio y el juego se descompensa.
El tamaño habitual es de un paso corto por lado, entre cuarenta y cincuenta centímetros. Más grande y las canicas quedan demasiado separadas: hay que apuntar a una y el montón deja de comportarse como un montón. Más pequeño y las canicas se estorban entre ellas, el tiro no encuentra hueco y casi nada sale. Si juegan niños pequeños, conviene un triángulo algo mayor y una raya más cerca.
2. Colocar las quince canicas
La colocación clásica es en filas de cinco, cuatro, tres, dos y una, de la base al vértice, con las canicas tocándose pero sin apilarse. En la fila de la base se ponen las más grandes y pesadas; en el vértice, las pequeñas. Así el montón tiene un ancla delante y no se abre por el primer golpe.
Hay dos detalles que cambian el juego y que se deciden antes de tirar. El primero es si las canicas van sueltas o apretadas: apretadas se empujan unas a otras y un buen tiro arrastra media base; sueltas hay que empujarlas de una en una. El segundo es si el montón se coloca en el centro del triángulo o pegado a la base. Pegado a la base es más difícil de sacar, porque las canicas tienen que recorrer todo el triángulo antes de salir.
3. Marcar la raya
La raya se traza paralela a la base, no al vértice, a tres o cuatro pasos del triángulo. Es la línea de tiro: se lanza desde detrás, sin pisarla y con la mano apoyada en el suelo por delante del pie. Detrás de la raya tiene que haber sitio para agacharse y para echar el cuerpo atrás; delante, el terreno debe estar despejado de bordillos, hierba alta y bancos, porque las canicas que salen ruedan varios metros y cualquier obstáculo las para antes de que puedas cobrarlas.
El orden de tirada
El orden no se decide a dedo: se sortea con la propia canica. La costumbre más extendida es poner a todos detrás de la raya y lanzar la canica hacia la raya, sin pasarse, para dejar la más cerca posible. Empieza quien deja su canica más cerca de la raya, y los demás siguen por orden de cercanía. Si alguien se pasa, en muchos patios queda el último; en otros se repite el tiro entre los que se han pasado.
Otra forma, menos frecuente pero muy clara, es lanzar hacia el triángulo sin intención de sacar nada: empieza el que deja la canica más lejos del montón. Suena raro, pero tiene lógica: el que peor ha tirado en el sorteo es el que empieza, y así el primero no acumula ventaja sobre los demás.
Después del sorteo, los turnos van en el sentido de las agujas del reloj o por orden de cercanía, y se mantiene el mismo orden hasta el final. Cuando un jugador saca canicas, no vuelve a tirar: recoge y pasa el turno, salvo que se haya acordado la regla contraria. Esa decisión —tirar una vez por turno o repetir mientras saques— es la que más cambia la partida, y hay que tomarla antes del primer tiro, no a mitad.
Las reglas, una por una
Estas son las reglas base del triángulo, las que se repiten en más patios. Donde hay costumbre distinta se dice, porque el triángulo es un juego de acuerdos locales y no de reglamento escrito.
Las canicas que salen son tuyas
Toda canica que sale del triángulo por el impulso del tiro se la queda el tirador. Se considera que ha salido cuando cruza por completo la línea dibujada. Si se queda justo encima de la raya, en unos patios cuenta como dentro y en otros se vuelve a colocar en el montón; lo normal es acordarlo antes. Las canicas se recogen al terminar el turno, nunca mientras ruedan, para no pisarlas ni pararlas con el pie.
Si una canica sale empujada por otra que a su vez salió del montón, también cuenta para el tirador. Es una cadena y se cobra entera. Ese es el motivo de que un tiro bien colocado valga por cuatro: no saca una canica, desmonta una esquina del montón y las demás salen detrás.
Si tu canica se queda dentro, pasa al montón
Es la regla que da tensión al juego. Si el tirador se queda dentro del triángulo, esa canica deja de ser suya y pasa a formar parte del premio. No hay excepción por ser la canica buena ni por ser la última: se queda ahí y el siguiente puede sacarla y cobrarla. Por eso se tira con un bolón viejo, con una canica de barro o con una de acero rayada, y la canica bonita se guarda en el bolsillo.
Esta regla también enseña a dosificar. El que tira con miedo se queda corto y no saca nada; el que tira con rabia se pasa, la canica rebota en el borde y vuelve al centro del montón. El punto justo está en la fuerza que hace llegar la canica al montón con velocidad suficiente para atravesarlo, pero no tanta como para que se empotre entre las demás.
Si tiras y no sacas nada
Lo normal es que pases el turno sin más. Tu canica se queda donde ha parado, fuera del triángulo, y en el turno siguiente tiras otra vez desde la raya —o desde donde quedó, si se juega a la raya—. No hay penalización automática, pero el turno perdido ya es castigo suficiente cuando quedan pocas canicas y todos están cerca de cobrar.
Hay patios que añaden una prenda: si no sacas nada, pagas una canica al montón. Es una regla dura y solo tiene sentido en partidas largas, con jugadores que ya tienen puntería. Otra costumbre es que, si la canica se queda corta sin llegar al triángulo, el siguiente pueda tirar a por ella y quedársela: eso convierte cada tiro flojo en una canica regalada.
Lo que no vale
No vale empujar una canica con el pie, con la mano ni con un palo, ni soplar, ni mover el triángulo de sitio, ni "peinar" el montón para separar las canicas antes de tirar. Tampoco vale apoyar la mano más adelante de la raya ni pisarla al lanzar. Y no vale recoger canicas mientras otro está tirando: además de ser trampa, es la forma más fácil de que alguien reciba un canicazo en la mano.
Cómo se acaba y cómo se gana
La partida termina cuando el triángulo se queda vacío. En ese momento cada jugador cuenta las canicas que ha sacado y gana el que más tiene. Es un final limpio y visible: no hay discusión posible sobre cuándo se acaba, solo sobre cuántas lleva cada uno, y para eso se apunta o se hace un montoncito separado por jugador.
Si hay empate, se desempata con un tiro a una canica colocada en el centro del triángulo: el primero que la saque gana. Si el empate es entre más de dos, se juega una ronda rápida con una sola canica en el centro y se elimina al que no la saque. Otra salida habitual, cuando queda poca luz o suena el timbre del recreo, es repartir las canicas que quedan y dejar la revancha para el día siguiente.
También se puede jugar a un número fijo: a diez canicas, a quince o a las que se acuerden. Gana el primero que llega a esa cifra, y el triángulo se vuelve a cargar cada vez que se vacía. Es la versión buena para grupos desiguales, porque un jugador con menos puntería puede seguir jugando sin quedarse mirando.
La técnica: tiro fuerte, plano y desde el canto
El triángulo no se juega con delicadeza. Se juega con un tiro fuerte y plano, y esa es toda la técnica. La canica tiene que salir paralela al suelo, entrar en el montón a ras de tierra y atravesarlo. Si sale alta, vuela por encima de las canicas y no toca ninguna; si sale blanda, se queda corta y no desmonta nada.
La postura
Se tira agachado o con una rodilla en el suelo, con la mano de canto apoyada en el suelo: el canto del meñique y el del índice tocan la superficie, y la canica queda sujeta entre el pulgar y la primera falange del índice, a ras de tierra. Esa es la posición que garantiza un tiro plano. Con la mano plana, la canica sale hacia arriba y el tiro se pierde por alto.
El codo se queda quieto y pegado al cuerpo. El impulso sale del pulgar al soltar y de un golpe seco del índice, no del hombro. Si el brazo acompaña el movimiento, la canica sale fuerte pero sin dirección: pega en el suelo antes de llegar, bota y se va de lado.
Dónde apuntar
A la base del montón, nunca al vértice. Las canicas de la fila de delante son las que empujan a las de detrás: si golpeas la primera fila, el montón se abre como un abanico y salen varias. Si golpeas el vértice, la canica se entierra en el centro y no mueve nada. Y si golpeas la canica más grande y bonita, la sacas a ella y dejas el resto intacto.
Conviene buscar el lado abierto: el punto del triángulo donde el montón está más flojo o donde la canica tiene salida libre hacia fuera, sin bordillo, sin hierba y sin un escalón que la frene. Un tiro al lado cerrado saca una canica y media; el mismo tiro al lado abierto saca cuatro.
Arrastrar varias canicas
La clave para arrastrar no es la fuerza bruta, es la trayectoria. La canica tiene que llegar al montón rodando y salir por el otro lado con velocidad. Cuanto más plana sea la línea, más canicas empuja en el camino. Un tiro que entra y se queda dentro ha fracasado aunque haya tocado cinco canicas: no ha sacado ninguna y además ha regalado la suya.
El ajuste final depende del suelo, y se aprende en dos tiros de calentamiento. En cemento la canica rueda mucho y hay que tirar más flojo y más fino; en tierra apelmazada frena y pide más fuerza; en arena se come y hay que levantar un poco el tiro, con el riesgo de que bote. Antes de empezar, tira dos o tres veces sin montón para medir el suelo. Es lo que hace cualquier jugador con oficio.
Los errores típicos
- Tirar por encima. La canica sale alta, salta el montón y se queda detrás. Es el error del que empieza y el más caro, porque el tiro no sirve para nada.
- Mano plana en el suelo. La canica sale hacia arriba en vez de rodar. La mano va de canto, siempre.
- Mover el codo o el hombro. Se gana fuerza y se pierde dirección. El tiro sale del pulgar y del índice.
- Apuntar al vértice o a la canica más vistosa. Se saca una y se deja el montón entero para el siguiente. Se apunta a la base.
- Usar la canica buena como tirador. Si se queda dentro, pasa al montón y la pierdes. El tirador es un bolón viejo y pesado.
- No acordar las reglas antes. ¿Se tira desde la raya o desde donde quedó? ¿Se repite turno al sacar? ¿Vale matar la canica del rival? Discutirlo a mitad de partida es garantía de enfado.
- Tirar con prisa y sin mirar. Antes de cada tiro hay que ver dónde están las canicas fuera, dónde está la gente y por dónde va a rodar la tuya.
- Recoger canicas en mitad del turno. Además de trampa, es la forma más tonta de llevarse un canicazo en la mano.
Variantes según el patio
El triángulo no tiene un reglamento único. Cambia el número de canicas, la distancia de la raya, lo que pasa cuando el tirador se queda dentro y si se puede tirar a las canicas de los demás. Estas son las variantes que más se repiten, siempre como costumbre de patio y no como norma escrita.
| Variante | Cómo se juega | Qué cambia |
|---|---|---|
| El triángulo clásico | Quince canicas en filas de 5-4-3-2-1, tiro desde la raya, el tirador que se queda dentro pasa al montón. | Es la versión de referencia: partidas cortas y muy dependientes del primer tiro. |
| Triángulo con arrastre | Se tira desde donde quedó tu canica en el turno anterior, no desde la raya. | Alarga la partida y castiga los tiros largos: si te pasas, juegas el resto desde lejos. |
| El montón o la pirámide | Las canicas se apilan en vez de extenderse, a veces con una base de cuatro y capas encima. | Hay que derribar, no arrastrar. Un tiro bajo sirve de poco y se busca el golpe en la base. |
| Triángulo a matar | Se puede tirar a la canica de otro jugador que esté fuera del triángulo; si la tocas, es tuya. | Convierte cada canica aparcada en un blanco y hace que nadie tire con su canica buena. |
Lo importante, más que la variante elegida, es decirla en voz alta antes del primer tiro. Un triángulo con reglas claras se juega en paz; uno con reglas improvisadas acaba en discusión y con las canicas guardadas antes de tiempo.
Seguridad: nunca tirar hacia personas
Una canica lanzada con fuerza es un proyectil pequeño y duro, y en el triángulo se tira fuerte por definición. La norma que resume todas las demás es una: nunca se tira hacia donde hay una persona, ni hacia un sitio donde pueda aparecer alguien sin avisar.
- Mirar antes de tirar. Detrás del triángulo, a los lados y en la línea de salida de las canicas. Si alguien se ha acercado, se espera.
- Avisar en voz alta. Un "¡voy!" antes de cada tiro evita sustos y golpes. En el cemento la canica bota y cambia de dirección.
- Los que esperan, detrás y a un lado. Nunca delante de la raya ni dentro del recorrido de las canicas que salen.
- Nada de cristales, coches ni escaparates. Ni cerca del campo ni como blanco. Una canica de acero rompe una ventana sin esfuerzo y no hay partida que lo compense.
- Fuera de la calle. En aceras y aparcamientos hay tráfico, y una canica que rueda bajo un coche no se recupera. Patios, plazas cerradas y parques sin circulación.
- Cuidado con los pequeños y con los perros. Un niño de tres años no entiende que no debe cruzar a recoger una canica en mitad del turno. Se juega lejos de ellos o se para.
- Recoger al terminar. Una canica suelta en una acera hace resbalar a cualquiera, y las canicas que se quedan en el suelo acaban en la basura o en el zapato de alguien.
Con esas precauciones, el triángulo es un juego de patio tranquilo: se juega de pie, en un espacio acotado y con las manos en el suelo. El riesgo no está en el juego, está en tirar sin mirar.
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Los cinco juegos, los tipos de canica, cómo elegir la tuya y las técnicas de tiro.
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El juego del hoyo: precisión, raya y la variante a matar. El otro clásico de patio.
Técnicas de tiro
Uñeta, golpe seco, tiro plano desde el canto y cómo medir la fuerza según el suelo.
Tipos de canicas
Vidrio, barro, acero y bolones: cuál sirve para tirar y cuál para poner en el montón.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas canicas se ponen en el triángulo?
Lo habitual son quince, colocadas en filas de cinco, cuatro, tres, dos y una desde la base hasta el vértice. En algunos patios se juega con diez, y en otros se amontonan veintiuna o más cuando hay muchas canicas en juego. El número se acuerda antes de empezar, porque cambia la duración de la partida.
¿Qué pasa si mi canica se queda dentro del triángulo?
Pasa a formar parte del montón: la pierdes y engorda el premio de los siguientes turnos. Es la regla que obliga a tirar con fuerza suficiente y la razón por la que se usa una canica que no duela perder, no la mejor del bote.
¿Se tira siempre desde el mismo sitio?
Depende de lo acordado. En muchos patios se tira siempre desde detrás de la raya, y en otros se tira desde donde quedó tu canica en el turno anterior. La segunda forma alarga las partidas y castiga los tiros demasiado largos, porque te obliga a jugar desde lejos del montón.
¿Cómo se gana al triángulo?
Cuando el triángulo se queda vacío, gana quien ha sacado más canicas. Si hay empate, se desempata con un tiro a una canica colocada en el centro o se reparten las que quedaron sin dueño claro. También se puede jugar a un número fijo, por ejemplo a diez canicas, y gana el primero que llega.
¿Qué canica se usa para tirar al triángulo?
Una grande y pesada, de veinticinco a treinta y cinco milímetros, de vidrio grueso o de acero. Una canica ligera rebota, se desvía con cualquier piedrecita y se queda corta, y además corre el riesgo de quedarse dentro del triángulo y pasar al montón.
¿Es peligroso jugar al triángulo?
El juego no es peligroso si se respeta una norma básica: nunca se tira hacia donde hay personas. Hay que mirar detrás y a los lados del triángulo antes de tirar, no jugar en la calle ni junto a cristales, y avisar en voz alta antes de cada tiro, porque en el cemento la canica bota y sale disparada.